Datos del Observatorio Venezolano de Finanzas indican que en los últimos cuatro meses la inflación acumula un salto del 52%.
Víctor Salmerón

Freepick
En los últimos cuatro meses, el bolívar no ha dejado de hundirse y el precio del dólar en el mercado oficial ha acumulado un alza del 67%, acelerando la inflación. A pesar de la magnitud del temblor, no hay señales de que el desequilibrio cambiario esté cerca del final. El desajuste persiste y golpea con especial dureza a pensionados y trabajadores.
La escalada del dólar se traslada a los precios, en parte porque encarece las importaciones y agrava el malestar bimonetario. Como las empresas y los comercios utilizan al dólar para fijar los precios, un dólar más caro rápidamente se traduce en más bolívares a pagar por cada producto.
El Banco Central oculta las cifras desde octubre del año pasado, pero los datos del Observatorio Venezolano de Finanzas indican que en los últimos cuatro meses, la inflación ha acumulado un salto del 52%. En enero, a pesar de ser un mes que estacionalmente presenta baja inflación, los precios continuaron aumentando a un ritmo preocupante.
Un aspecto a tener en cuenta es que, si bien los años de hiperinflación han quedado atrás, Venezuela sigue siendo uno de los países con mayor inflación en el mundo. En 2024 la inflación acumuló una variación del 85%, una cifra que en la región solo fue superada por Argentina.

Fuente Bloomberg
Las pensiones simbólicas
El incremento de los precios golpea con dureza a pensionados, que tras la quiebra del Estado reciben cada mes una pensión simbólica que equivale a dos dólares y un bono complementario equivalente a 45 dólares.
“La pensión y el bono alcanzan para muy poco, yo compro mis medicinas porque mis hijas que están en Panamá me envían dinero todos los meses; no sé qué hacen los que no reciben remesas”, dice Beatriz González, una pensionada de 78 años.
Macroconsultores mide el precio de nueve alimentos básicos y señala que al cierre de enero el costo de una canasta con harina de maíz, harina de trigo, pasta, aceite, leche en polvo, arroz, atún enlatado, azúcar y granos se ubicó en el equivalente a 32 dólares.
Tomando en cuenta el salario y los bonos, el ingreso mínimo integral para los trabajadores equivale a 130 dólares mensuales. Los bonos, que no tienen efecto en el cálculo de las prestaciones sociales, vacaciones y el resto de los beneficios, prácticamente representan la totalidad del ingreso.
Se rompió el ancla
Durante los primeros diez meses de 2024, el Banco Central mantuvo el tipo de cambio oficial anclado con el objetivo de enviar una señal de estabilidad y controlar rápidamente la inflación.
Sin embargo, aunque la inflación se desaceleró, no lo hizo a la velocidad ni a los niveles esperados debido a problemas en el crecimiento de la oferta, como las fallas de electricidad que afectan la producción de las empresas.
El dólar, cuyo precio permanecía constante mientras todo lo demás aumentaba, se convirtió en un bien muy barato y la demanda de divisas comenzó a escalar. Para defender al anclaje, el Gobierno limitó la cantidad de bolívares en la economía: sin bolívares no es posible comprar dólares.
La estrategia consistió en reducir el gasto público en partidas muy sensibles como salarios y pensiones. Además, trancó el grifo del crédito obligando a los bancos a engavetar más de dos tercios del dinero que gestionan.
No obstante, tras las controvertidas elecciones de julio de 2024, el Gobierno aumentó el gasto y la inyección de bolívares rápidamente se desplazó a la compra de dólares. En este entorno el Banco Central fue incapaz de satisfacer la demanda y quienes no podían comprar divisas en el mercado oficial se desplazaron al mercado paralelo.
Entonces el dólar comenzó a escalar en el mercado paralelo y surgió una brecha con el tipo de cambio oficial. Frente a este descontrol, el Banco Central admitió la derrota y a finales del año pasado comenzó a permitir el ascenso del dólar en el mercado oficial.

Fuente BCV
Un elemento clave en la dinámica de los precios es que la administración de Nicolás Maduro recurre a la emisión de dinero para cubrir la expansión del gasto. Hermes Pérez, profesor de la Universidad Metropolitana y exfuncionario del Banco Central, explica que “a partir del último trimestre del año pasado aumenta de manera considerable el financiamiento monetario”.
“Muchos bolívares persiguiendo una cantidad limitada de dólares, bienes y servicios es la receta para el alza de los precios”, dice Hermes Pérez y añade que en 2024 la cantidad de dinero que creó el Banco Central para financiar al Gobierno aumentó 152%.
La brecha con el paralelo
Al cierre de esta semana, la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo es del 22%, una magnitud que distorsiona la economía. Esta brecha estimula la práctica de comprar dólares en el mercado oficial para revenderlos en el paralelo. Además, crea una dinámica en la que los precios se ajustan a la tasa paralela.
Por ahora las autoridades no han indicado cómo cerrarán la brecha, pero tesoreros consultados consideran que el tipo de cambio paralelo continuará subiendo hasta que se equilibren la oferta y la demanda. Luego, será inevitable una devaluación aún mayor del tipo de cambio oficial.
¿Es posible que el tipo de cambio paralelo descienda hasta ubicarse a poca distancia del oficial? Esto necesitaría una mayor oferta de dólares en el mercado oficial y no hay señales de que el Banco Central está en condiciones de hacerlo.
El Banco Central cuenta con pocas reservas líquidas para aumentar la oferta de dólares. La mayor parte de las reservas que tiene a mano son barras de oro que no puede vender con facilidad. Además, solo tiene control sobre un tercio de las reservas que incluye en sus estadísticas oficiales.
Reducir más el crédito
Con el objetivo de disminuir la cantidad de bolívares disponibles para la compra de dólares, el Banco Central ha requerido que los bancos reserven el 73% de los fondos que administran. Además, esta semana implementó medidas adicionales para fortalecer esta restricción.
Básicamente, el Banco Central incrementó el costo de incumplir esta norma, elevando la tasa de interés que los bancos pagan cuando no cumplen con el monto del dinero a inmovilizar, del 28% al 60%. Además mantuvo vigentes una serie de recargos que endurecen la penalización.
La firma Síntesis Financiera señala que estas medidas “aseguran un freno a la actividad crediticia, cuyo efecto recesivo es quizás el más costoso de la prolongada política de estabilización basada en la contención monetaria”.
La falta de financiamiento bancario ha obligado a buena parte de las empresas a trabajar con el dinero propio. Al cierre de diciembre de 2024 el total de préstamos de la banca venezolana equivalía a 2 mil 300 millones de dólares, mientras que el quinto banco de Ecuador, el Internacional, cuenta con un portafolio de 3 mil 500 millones de dólares.
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