El Gobierno de Gustavo Petro enfrenta su mayor crisis
- vsalmeronz
- 8 feb
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El fracaso del plan para alcanzar la paz con la guerrilla, la falta de ingresos y la división de los ministros arrinconan al presidente colombiano.
Víctor Salmerón

Gustavo Petro en Consejo de Ministros
Gustavo Petro enfrenta su mayor desafío desde que asumió el poder en Colombia. El plan para pacificar a la guerrilla y los grupos delictivos agoniza, la falta de ingresos lo obliga a recortar el gasto público y el enfrentamiento entre sus ministros erosiona su liderazgo y dificulta la toma de decisiones.
En las últimas dos semanas, la lucha entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha desencadenado una ola de violencia con 56 muertos, 54.000 desplazados y la convicción de que el plan para alcanzar la paz total, una de las principales promesas de Gustavo Petro, ha implosionado.
El Catatumbo, una región en la frontera con Venezuela conocida como el mayor enclave de cultivos de coca del mundo, es escenario de una violenta disputa territorial entre los dos grupos guerrilleros. Como telón de fondo está Venezuela cuyo territorio, como demuestran distintos informes, es utilizado por el ELN para sus operaciones.
Qué es la paz total
Durante la campaña que lo llevó a la presidencia Gustavo Petro no hizo mayor énfasis en el tema de la paz. Sin embargo, en su discurso de posesión, lo convirtió en su principal oferta política: “Este es el gobierno de la vida, de la paz y así será recordado”, aseguró.
Para alcanzar la paz total Gustavo Petro logró la aprobación de una ley que le permite pactar con los grupos armados a los que se les reconoce un carácter político y cuentan con territorios bajo control. Además, tiene libertad para negociar con organizaciones criminales de alto impacto a fin de lograr su sometimiento a la justicia.
El resultado no ha sido el esperado. El presidente colombiano no ha logrado un solo acuerdo duradero y las cifras desnudan que los grupos armados están extendiendo las operaciones.
El reporte de la organización Human Rights Watch correspondiente a 2024 es enfático al precisar que “los grupos armados siguen cometiendo graves abusos contra la población civil y expandiendo su presencia en todo el país”.
El documento se refiere en detalle a las operaciones del Clan del Golfo, un grupo de crimen organizado cuyos miembros provienen de distintas filas como paramilitares, fuerzas de seguridad y guerrilla. También hace hincapié en las operaciones de las FARC y el ELN.
En junio del año pasado “el Clan del Golfo tenía presencia en 392 municipios; el ELN, en 232; y los grupos disidentes de las FARC, en 299. Estas cifras representan un aumento de aproximadamente el 55 %, el 23 % y el 30 %, respectivamente, en comparación con 2022”, dice el informe de Human Right Watch.
En un principio el Gobierno logró frenar la escalada de violencia política, pero básicamente se debió al descenso en las hostilidades entre las fuerzas de seguridad y los grupos armados. Los datos apuntan a que esta medida facilitó la expansión territorial y la competencia entre los grupos armados por el control de las actividades ilícitas.
Para enfrentar la situación en el Catatumbo el Gobierno decretó el estado de conmoción y aprobó vía decreto tres impuestos que estarán vigentes por noventa días, sujetos a la aprobación de la Corte Constitucional. Mediante tributos, a los juegos de azar, las exportaciones de carbón y el pago en notarías el Gobierno espera recaudar el equivalente a unos 250 millones de dólares.
Los problemas de caja
La escasez de recursos no se limita a los fondos disponibles para solventar la emergencia humanitaria en la frontera con Venezuela. Las cuentas del Estado están en rojo.
Gustavo Petro intentó a finales de 2024 que el Congreso aprobara una reforma tributaria para balancear el presupuesto de este año, pero la mayoría de los diputados consideró improcedente la aprobación de nuevos impuestos.
El ministro de Hacienda, Diego Guevara, anunció que el Gobierno insistirá con una nueva reforma, pero en el corto plazo no ha tenido más opción de aplazar desembolsos por el equivalente a 2.800 millones de dólares.
La consecuencia es un recorte en las asignaciones para la construcción del Metro de Bogotá, autopistas, planes de ampliación de transporte público y en el dinero que reciben los ministerios de Defensa, Vivienda, Interior, Trabajo y Seguridad Social, entre otros.
Carlos Galán, alcalde de Bogotá, señaló que “los aportes de la Nación a los proyectos de Bogotá “no son un favor” y “responden a contratos firmados y aplazarlos es una forma de incumplimiento”.
El gabinete dividido
A la tensión fiscal y el fracaso del plan de paz, se sumó una crisis de imagen. Un caótico consejo de ministros, transmitido en vivo por televisión, expuso públicamente los enfrentamientos internos y la falta de cohesión.
“De 195 compromisos adquiridos, se han incumplido 146, me da vergüenza. El presidente es revolucionario, el gobierno no”, dijo Gustavo Petro con enfado frente a las cámaras. Esta afirmación no dio paso a un debate técnico sino a un reality show de seis horas repleto de regaños, voces entrecortadas, peleas entre ministros y ataques a Armando Benedetti, recién designado como jefe de despacho, y a la canciller Laura Sarabia.
El presidente colocó sobre la mesa la existencia de “agendas paralelas” en el Gobierno y se mostró sorprendido por las operaciones de fracking que Ecopetrol, la empresa petrolera del Estado, está desarrollando en Estados Unidos.
“Estamos contra el fracking porque es la muerte de la naturaleza y la muerte de la humanidad. Quiero que se venda esa operación para invertirla en energías limpias” ordenó Petro al ministro de minas Andrés Camacho.
La vicepresidenta Francia Márquez pidió la palabra. Sin una relación cercana con Petro, Márquez es conocida por su honestidad y así se mostró: “Ayudé a elegir este Gobierno y me duele que se presenten tantos actos de corrupción. Tenemos que decirlo de frente”.
Luego atacó a la canciller Sarabia y a Benedetti, el nuevo jefe del despacho: “No me parece las actitudes de Laura Sarabia conmigo. Me ha tocado decirle: respéteme, que soy la vicepresidenta. Y respeto a Benedetti, pero no comparto su decisión de traer a este Gobierno a estas personas que sabemos que tienen gran parte de responsabilidad con lo que está pasando. Tal vez esto me cueste quién sabe qué”.
Armando Benedetti abandonó el Gobierno por primera vez tras la filtración de unos audios en los que decía: “Nos hundimos todos, nos vamos presos”. En dichos audios, discutía acaloradamente con Sarabia sobre la financiación de la campaña electoral.
En julio del año pasado, la esposa de Benedetti presentó una denuncia por violencia de género. Benedetti negó las acusaciones, y posteriormente, su esposa también las desmintió cuando reanudaron la relación.
Este es el principal motivo por el cual la ministra de ambiente, Susana Muhamad, está en contra del nombramiento: “Como mujer no me puedo sentar en esta mesa de gabinete con Armando Benedetti y yo no soy la que va a renunciar presidente, porque yo no renuncio ni al proyecto ni al gobierno”.
Agregó una frase que evidenció la magnitud de los enfrentamientos internos: “Aquí las agendas paralelas no son de los ministros progresistas, presidente. Aquí las agendas paralelas son las que nosotros hemos tenido que enfrentar durante todo este Gobierno. Hemos estado parados en resistencia, resistencia institucional, a las agendas paralelas y los entrampamientos”.
Jorge Rojas, director del Departamento Administrativo de Presidencia se refirió al puesto de jefe de despacho al que llegó Armando Benedetti: “No debe haber jefe de gabinete ni despacho porque eso distorsiona el ejercicio del presidente con los ministros. (...) Hay que revisar si lo que queremos es más burocracia”.
Tormenta política
Tras el consejo de ministros, el ministro del Interior Juan Fernando Cristo señaló que “tras el episodio de ayer es insostenible el gabinete como está conformado hoy”.
Jorge Rojas, director del Departamento Administrativo de Presidencia y quien también se ha desempeñado como vicecanciller, renunció a su cargo al igual que el ministro de cultura, Juan David Correa.
El analista político y escritor Jaime Honorio González dijo a CNN que “lo que deja claro este episodio es lo que muchos ya sabíamos: y es que este es un gobierno profundamente dividido, con múltiples intereses personales y políticos, y sin un norte y un rumbo claro. Y eso es muy preocupante”.
Pedro Viveros, analista político afirmó que “si Colombia fuera un régimen parlamentario, anoche el Gobierno habría llegado a su fin. Y lo que procedería serían nuevas elecciones para elegir un nuevo gobierno. Pero aquí no ocurre eso porque estamos en un régimen presidencial con tiempo fijo y tendremos un gobierno débil, confuso, inestable hasta que concluya el mandato de Petro”.
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